29 de noviembre de 2009

"Vamos a jugar"

Una inocente, tierna, amistosa, y bonita frase, está introducida de forma profunda en los pensamientos comunes del día a día.

"Vamos a jugar"

Con esa voz de niñita de 2 años.

Oh, cuánto la extraño!

24 de noviembre de 2009

Lucidez

Él la mira desde la ventana, caminando de rodillas en la copiosa lluvia de cenizas, va con unos audífonos, presumiblemente escuchando música alegre, tiene puestos unos lentes grandes para ocultar los efectos de una noche llena de sustancias extrañas, alrededor de ella se ve un destello, pareciera que su sombra tiene formas tridimensionales, y que saluda a un perro vago que pasaba el frente de ella. La puede ver claramente, cantando a 3 voces simultáneamente, cada uno con mucho cuidado de no errar las notas. Su destello es su ambiente, cambia de colores al pasar por cada casa. De pronto se levanta, está sin zapatos y con calcetines con corazones. Pareciera que intenta recordar ese lugar, y desaparece.
De pronto aparece que la habitación del muchacho, sin comprenderlo se abrazan, se besan, y ese acto, produce que las cosas de la habitación se hagan cenizas, mientras todo da vueltas a su alrededor, se forma un torbellino y se abre el techo. Cuando terminan de caer las paredes, despiertan, ya no son ellos, son sus destellos.

Sus cuerpos se esfumaron hasta la próxima ocasión en que puedan apreciar el estado de lucidez.

8 de noviembre de 2009

En ese muelle.

Aún posee la máscara que le regalé un día de lluvia común y corriente. Ella quizás creía que las nubes hablaban con un idioma que no podíamos entender, no sé, hablábamos cosas surrealistas, y mirábamos alrededor de nosotros.

Sus ojos parecían decir algo, y quizás no entendí muy bien, ella siempre sonreía, pero veía que tenía la máscara puesta, y muy bien. Nos recostábamos sobre ese muelle, quizás un poco débil, pero que aún así nos daba seguridad. Observábamos el cielo y pensábamos en que nada podía ser mejor en ese momento. Hablamos de música, de la niñez, y muchas tonterías sin sentido, pero sonreíamos, y esa sola sensación de provocar la sonrisa, era motivo para sonreír.

"Quizás así es mejor" es una frase que decíamos sin hablar, siempre lo entendimos así, y siempre lo practicamos fielmente, mientras cantábamos canciones que sólo nosotros conocíamos, ahí, en la orilla del río.

Me dijo que tenía que aprender a bailar, y yo me dije, que tenía que aprender a aceptar.