Tantas veces y volver. Seguir siendo un turista en tu ciudad. Creerte el protagonista y darte cuenta que no eres más que un secundario, o más probable aún, un extra desenfocado.
De pronto esa noche cambió las cosas, para volver a ese lugar. Ese antiguo galpón grande y vacío, y esa casa desordenada llena de puntos y comas mal puestos.
Me comí las tildes y las haches, memoricé tantos tipos de ecuaciones y sus nombres, pero olvidé lo que había detrás de ellas. Me creí robot y pensé que era programable, hasta que volví a escuchar esa canción.
Escuchar esa voz y leer esas líneas. Convertirme en el Padre Gatica parecía tan fácil como en otras oportunidades mientras las recordaba una y otra vez. Me creí feliz y lo creí real, el frío y los nervios causaban estragos en mi respiración, pero no importaba, hasta se sentía mejor.
No hay conectores acá, las comas y los puntos van mal otra vez, y qué más da.