Me voy un ratito a la punta del cerro, ¿puedo? Bueno, gracias de todas formas.
A veces quisiera ser ese niño del cual hablé en un cuento hecho de sueños y promesas, en tiempos que se recuerdan en blanco y negro, tan lejanos que se pueden comparar las diferencias entre lo que fue y lo que es, pero a su vez, tan cercanos que no se pueden contar más de 2 años desde aquellas cosas que nos hacen crecer como personas.
Estoy feliz por eso. Y por eso prefiero un tiempo en la punta del cerro, quizás ahí pueda ver mejor las diferencias entre lo que fue y lo que es. Quizás nunca fue tan diferente en realidad, y lo que más ha cambiado son los colores que nuestra mente utilizó como las correctas. Está bien, fue su tiempo.
Y éste es el nuevo. Felicitaciones a los que han seguido adelante.
Algunos retrocedemos de vez en cuando.
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