Deben haber sido como las 20:00 hrs, pero recordé que una de las cosas que tenía que hacer, era ir a comprar remedios (la posibilidad de que se acaben los que tengo siempre está latente). Hacía harto frío, pero igual nomás salí con la bici y me sorprendió esa necesidad de ir velozmente, con un montón de fantasmas y películas en la cabeza, tanto así de olvidar lo que estaba haciendo y lo imprudentes que son los automovilistas en esta ciudad. Sin casco ni protección alguna, de vez en cuando despertaba por la posibilidad de algún accidente. Habré demorado no más de 10 minutos en llegar a la farmacia y comprar el remedio, aunque estuve detenido en la plaza unos pocos minutos en espera de que algo pasara. No pasó, por supuesto. Con la misma rabia, pero con menos energía, emprendí el viaje de vuelta, más conciente de lo que hacía, con una discusión más fuerte, pero qué más da, no había nadie en las calles. En eso, llegué a mi casa.
A los treinta segundos -no más- llega mi amigo de su viaje, lo pasó bien según dice. Lo noté medio molesto (también), se preparó un té con un pan y se dirigió a su habitación.
No recuerdo el sueño, pero sí la sensación, fue una representación visual de anoche.
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