7 de julio de 2011

Cenizas

En parte eran las cenizas.

Todo era un hermoso paisaje real de humor negro, en donde se veía en todos los rostros posibles, se repetían las mismas palabras irónicas en todos lados, se escuchaban sus risas y me reí con ellos. Me oculté de los lentes y los micrófonos, aunque no importaba mucho, no me buscaban a mí, sino a los protagonistas. De a poco ese gracioso chiste se fue desvaneciendo, comenzó la realidad.

El tiempo avanzaba lento por algunos momentos, y en otros era vertiginoso, pero no preocupaba, al menos después de los primeros minutos, cuando todo era más natural, a pesar de que se encendieron las luces nocturnas.

Tosí muchas veces y las toses en medio de las toses ardían, imaginando mi rostro complicado, asfixiado. Afortunadamente, sólo en casa tomaba ribetes preocupantes.

Eran sólo dos voces en medio de esa ciudad, donde el ruido de fondo parecía perderse, el frío desaparecía, las cenizas ya no se sentían. No pensé mucho, sólo hablé y escuché. Hice lo que siempre quise hacer.

No hay comentarios: